Texto original publicado el 24 de febrero de 2012 en medicblogreloaded.wordpress.com. Recuperado como parte del archivo histórico del autor.
Escribí estas líneas en 2012 tras la muerte del Dr. Harry Castro Stanziola. Releerlas hoy me recuerda el tipo de clínica y de docencia que marcó mi formación y que aún influye en cómo entiendo la medicina.
El día de ayer me enteré via twitter y luego confirme hoy en el diario La Prensa que abandonaba nuestro mundo para pasar a mejor vida el Dr. Harry Castro Stanziola. Como administro el sitio web de la Sociedad Panameña de Cardiología y soy estudiante de la Facultad de Medicina, ahí tuvimos la oportunidad de conocer de cerca a este maestro.
Las rotaciones con el (antes del incidente mediático de la KPC) eran en VII semestre, específicamente en la cátedra de Propedéutica Clínica y Fisiopatología y se realizaban en el Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid. Allí, en un pequeño cuartito del 5to piso, empezaba la mañana con un pequeño recorrido histórico, ya fuera de la historia panameña o de la historia médica, con el grupo de estudiantes que le tocaba ese día. Cuando terminaba la historia del día, nos preguntaba que queríamos hacer, donde queríamos ir y comenzaban las voces: ¡gastro! ¡cardio! ¡cirugía! ¡neuro! al final en un consenso todos nos decidíamos por una sola y allá era donde nos dirigíamos. Se guindaba su estetoscopio y al final nos dirigíamos en grupo a nuestro destino. De vez en cuando, aparecía un personaje de mantenimiento del Complejo, cuyo nombre aún desconozco, que siempre saludaba al Dr Harry Castro y le decía “¡esos son sus pollitos, doctor!” y el siempre risueño le contestaba.
El era un médico de esos viejos que con solo sus habilidades clínicas podía como vendría el BHC, o como saldría el CAT o la endoscopía. Y siempre que llegaba a una sala, saludaba a todos sus pacientes y bromeaba con ellos, llevando una luz de alegría donde algunos paciente ya la habían perdido.
El era parte del grupo de los fundadores de la Sociedad Panameña de Cardiología y era uno de los primeros cardiólogos del país. Era historiador y llevaba la pequeña columna Raíces que se publicaba los domingos.
Conocer la historia es fundamental para entender el presente, el pasado es el gran maestro y el futuro depende de no repetir errores
En fin, como dijo el Dr Harry Castro una vez, quiero que mi lápida diga «aquí yace alguien que no se quería morir todavía». Quizás no nos acompañe físicamente, pero creo que sus enseñanzas son suficientes para mantenerlo entre nosotros, en nuestra memoria y en un pequeño rincón para así hacer homenaje a ese gran maestro clínico y de la vida. Un saludo al “blue eyes” (como le solían decir) donde quiera se encuentre. Para terminar, dejo un video de un homenaje que le hicieron en el Diario La Prensa.
