Hay cosas que uno pierde sin darse cuenta de que las estaba construyendo.
Mi primer blog se llamó medicblog.wordpress.com (2006–2007). Era otra época. Yo apenas era un estudiante de medicina. Recién descubría Ubuntu con la fascinación de quien descubre que puede desmontar y volver a armar su computadora sin pedir permiso. Escribía sobre Linux como quien escribe un diario de laboratorio. También cometí errores: compartí libros médicos que no debía compartir, opiné con la seguridad de quien todavía no conoce la complejidad del mundo. Ese blog fue cerrado. Y con él, una etapa.
Pero también fue ese blog donde recibí el comentario «Comunícate con nosotros». Era el Dr. Kenny De Gracia. Esa invitación terminó llevándome al CIMTe (Club de Informática Médica y Telemedicina). Sin saberlo, aquel pequeño espacio en internet estaba abriendo puertas reales.
Ese espacio existía gracias a algo que en ese momento parecía trivial: WordPress.
Lo conocí cuando recién empezaba la facultad. Al principio, para mí, era solo una plataforma gratuita para publicar ideas. Con el tiempo se convirtió en un laboratorio técnico. Aprendí a modificar temas, a tocar CSS, a entender la estructura interna. Esa curva de aprendizaje terminó llevándome a hacer personalizaciones más finas para Telmeds.org, la web de estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Sin darme cuenta, mientras aprendía medicina, también estaba aprendiendo arquitectura web.
Después vino medicblogreloaded.wordpress.com (2007–2013). Con este blog documente como aprendí a modificar Android, a instalar ROMs como CyanogenMod, empezaba a usar Arch Linux y el AUR, escribía sobre guías de manejo médicas con la convicción de que era el primero leyendo sobre eso. Fue también donde entendí que alquilar un VPS significaba algo más que tener un servidor: significaba empezar a controlar mi propia infraestructura digital.
Ese blog sigue activo. Es un fósil vivo. Un archivo de quien fui.
Y ahora está moisesserrano.com, está web. Este no es un experimento. Es un proyecto consciente. Aquí no escribo para probar que puedo compilar un kernel o instalar una ROM. Aquí escribo con intención. Con estructura. Con memoria.
Y, de alguna manera, sigo usando WordPress con la misma herencia de aquellos años: el mínimo de plugins necesarios, plantillas personalizadas al máximo, controlando cada detalle posible. No por estética solamente, sino por filosofía. Aprendí temprano que depender demasiado de lo que no controlas tiene consecuencias.
Hace poco intenté recuperar parte del contenido sentimental del primer blog usando Web Archive. No todo volvió. Y entendí algo importante: no necesito rescatarlo todo. Solo aquello que todavía tiene sentido para quien soy hoy.
Los dominios cambian. Las plataformas cierran. Los servidores se apagan.
Lo único que realmente persiste es la continuidad de la historia.
No quiero reconstruir el museo completo de mis versiones pasadas. Solo quiero integrar lo esencial.
Porque al final, cada blog fue una versión distinta de la misma búsqueda: aprender, documentar, entender el sistema — ya sea técnico o personal — en el que vivo.
Este dominio no reemplaza a los anteriores. Los contiene. Y eso es suficiente para mí.
Por eso, si al recorrer este sitio encuentras entradas con fechas anteriores al primer “Hola Mundo”, no es un error en la cronología. Son fragmentos rescatados. Textos escritos en otra etapa, recuperados con el tiempo y traídos aquí porque todavía dicen algo sobre quién soy.
No reconstruyen el pasado completo. No intentan corregirlo. Solo lo integran.
Este blog no empieza en su primera fecha visible. Empieza mucho antes, en un estudiante que instalaba Ubuntu por curiosidad y terminaba encontrando comunidad digital en el proceso y un mundo que me trae hasta donde estoy el día de hoy.
